La amenaza del alga invasora Rugulopteryx okamurae en Bizkaia

En los últimos meses ha crecido la preocupación en las costas del norte de España por la posible llegada y expansión de una alga marina exótica que puede alterar seriamente los ecosistemas locales. Se trata de Rugulopteryx okamurae, un alga parda originaria del noroeste del océano Pacífico que, fuera de su hábitat natural, se ha convertido en una especie invasora con un enorme potencial de crecimiento y propagación.
Esta especie llegó por primera vez a las costas europeas a comienzos de los años 2000 y se ha establecido con rapidez en zonas del Mediterráneo y, más recientemente, en el litoral atlántico español. Su presencia se ha detectado ya en varias regiones del País Vasco y Galicia, y en verano de 2025 se confirmó su aparición en la playa de Muskiz, en Bizkaia, tras haber sido observada en varios puntos de la costa de Cantabria.
Lo que preocupa a biólogos, administraciones y bañistas no es solo que el alga pueda llegar a nuevas playas, sino el impacto que suele producir allí donde se asienta. Rugulopteryx okamurae se reproduce con gran eficiencia y tiende a crecer formando densos mantos sobre rocas y fondos marinos, desplazando a las algas y organismos nativos y reduciendo la biodiversidad local. Además, cuando se desprende y llega a la orilla en grandes cantidades puede dificultar el baño, afectar a actividades pesqueras y alterar la imagen habitual de las playas.
Los expertos señalan que su expansión está facilitada por factores como el aumento de la temperatura del mar y las corrientes, hechos que podrían favorecer su asentamiento incluso en latitudes más al norte de su zona habitual. También se sospecha que actividades humanas como el tráfico marítimo y las aguas de lastre de los barcos han contribuido a su dispersión.
Aunque por ahora la presencia de esta alga en Bizkaia ha sido puntual y no se ha convertido en un problema tan grave como en el sur de España, diversas administraciones y científicos llaman a la vigilancia y la retirada controlada de las masas algales que se detectan, para evitar que se establezcan de forma permanente. También se están promoviendo iniciativas para gestionar y dar valor a la biomasa retirada, con el fin de reducir su impacto ambiental y socioeconómico.
En resumen, la posible expansión de Rugulopteryx okamurae en las costas vascas es un ejemplo más de cómo las especies invasoras pueden alterar rápidamente los equilibrios naturales y cómo la adaptación y la gestión activa son clave para minimizar sus efectos.
¿Qué pueden hacer la ciudadanía y las administraciones?
Ante esta situación, el papel de la ciudadanía y de quienes gestionan el litoral puede ser clave para limitar la expansión de esta alga. Por ejemplo, si las personas observan grandes acumulaciones de algas en las playas, pueden comunicarlo a los servicios municipales o ambientales. Es recomendable no mover las algas ni trasladarlas a otros lugares, aunque estén secas, para evitar su dispersión involuntaria.
Por otro lado, quienes realizan actividades en el mar —pescadores, usuarios de deportes acuáticos o propietarios de embarcaciones— pueden prestar especial atención a la limpieza del material y del equipamiento, para no transportar fragmentos del alga de un sitio a otro.
En el caso de los gestores públicos, establecer redes de seguimiento sólidas para detectar con rapidez nuevas apariciones y retirar las masas de algas de forma controlada puede resultar fundamental. Asimismo, buscar soluciones innovadoras para aprovechar y gestionar la biomasa retirada puede ayudar a convertir un problema ecológico en un recurso.
La concienciación ciudadana, la vigilancia temprana y una gestión coordinada son, en definitiva, las claves para que el impacto de esta especie invasora sea lo menor posible.
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